sábado, 24 de marzo de 2012

Entre paredes de cartón

¿Cuánto conocemos acerca de lo que nos rodea? ¿Cuánta información nos llega realmente? ¿Cuánta nos esconden? ¿Qué pasa en el mundo? ¿Por qué tanto secretismo y tan deliberado interés en mantenernos como a borregos en un corral, privados de los asuntos esenciales mientras nos ceban con lo superfluo?
No es que yo me plantee estas preguntas de forma escéptica, sino que creo tener buenos fundamentos para hacerlo. K.Rove, asesor de George W. Bush hijo y actualmente de Sarah Palin, candidata a las elecciones en EE.UU. con su mismo partido, reconoció con el mayor cinismo posible y casi regodeándose con magnífico orgullo por ello, que el mundo ya no es tal y como creemos conocerlo, que ellos tienen ahora el poder, son el imperio y deciden qué asuntos deben, o no, salir a la esfera pública, qué turbios acontecimientos ocultar "por el bien del Gobierno, el Estado y el imperio" en detrimento de uno de los pilares fundamentales de los derechos ciudadanos: el derecho a la información.
¿Hasta dónde hemos llegado? ¿Cómo hemos permitido que nuestro mundo degenere hasta tales cotas de hipocresía y corrupción por el poder?
Orwell ya lo definía en algunas de sus obras, entre ellas las más importantes, diciendo que si un gobernante "dice que dos y dos son cinco, pues bueno, serán cinco". Vivimos una vida que se acerca más a la utopía en términos de conocimientos de nuestro entorno que a la realidad que nos pretenden hacer creer (y creemos). ¿Cuántas veces hemos escuchado o leído la entrevista donde semejante impresentable se jactaba de estar al mando de poco menos que miles de millones de ineptos? ¡Nunca!, jamás hemos oído hablar de tal documento porque no importa que sea publicado, el propio Rove lo admitió, ellos podrían hacerlo desaparecer de millones de formas. Aquello que no aparece en la agenda informativa, no existe, ni siquiera es necesario eliminarlo por completo, solo es necesario conseguir que no aparezca entre las noticias. Así de simple.
Ya no es cuestión de plantearse qué está pasando a lo largo y ancho del mundo, ya conocemos todos la existencia de miles de guerras, de pobreza y miseria extremas, de la hipocresía de los gobiernos y la incapacidad de las organizaciones internacionales. Pero, la pregunta sí debe ser, ¿qué hay detrás de todo ello? ¿Qué vemos y qué se esconde en lo más profundo de cada conflicto o acontecimiento?
Nos mienten, nos manipulan, nos esconden información y todo por el "beneficio del imperio". Creo que deberíamos plantearnos entonces si el beneficio es más alto que los perjuicios. La hipocresía de la que hacen gala los grandes dirigentes es inmensa. Se proponen tratados para ratificar los derechos humanos y después colaboran para violarlos con las argucias más tergiversadas posibles. Y eso, solo por poner el ejemplo del que estoy hablando ahora.
Es posible, y esto lo desconozco por completo, que incluso los propios medios de comunicación ignoren esta realidad o, bueno, más bien, deciden ignorarla en base a sus propios intereses, algo que ya he expresado en otras entradas de este mismo blog. Los medios hace mucho tiempo que dejaron de estar al servicio de la sociedad y de cumplir sus funciones primordiales para enrolarse en complejos sistemas de intereses y compensaciones económicas y políticas que alteran los principios básicos de la profesión y los derechos de los ciudadanos al conocimiento y la información. Los medios ya no son el cuarto poder, sino un instrumento del primero, del ejecutivo. Solo con una mínima investigación es muy posible que empezaran a surgir noticias inéditas, descubrimientos sorprendentes que nos harían cambiar nuestra visión de la sociedad y de todo, en general.


Los acuerdos, escritos, o no, entre los dirigentes políticos y empresariales han provocado que la situación sea manejada a su antojo en cualquier momento. La información puede llegar a cuentagotas y es extremadamente fácil conseguirlo. Tomando como ejemplo el accidente nuclear de Japón, se puede observar lo sencillo que resulta engañar y mantener a la población en el estado que más interese al Gobierno o al "imperio" como lo definió Rove, en cada momento, ya sea creando el pánico, la histeria, la tranquilidad, la confianza o la estabilidad. En el caso de Japón, su propio Gobierno envió mensajes de tranquilidad casi cada hora fingiendo que la situación estaba normalizada y controlada cuando en realidad el peligro de catástrofe nuclear era más alto que nunca y, poco a poco, con el paso de las horas y los nuevos comunicados o, incluso de varios días, se daba nueva información sobre lo que "estaba sucediendo" pues, en realidad, se demostró que tal información ya había sucedido hacía días y solo se emitía cuando aquello de lo que se hablaba ya estaba relativamente controlado. ¿Alguien cuestionó siquiera algún dato, se contrastaron o se investigó en profundidad? ¡No!
Así de simple, una persona con poder dice cualquier cosa, por absurda que parezca, y millones lo siguen sin cuestionarlo. Al menos, hay que reconocer que el sistema que han creado es realmente eficaz.
Poco a poco, con el paso de las décadas, de los nuevos cambios y generaciones, se ha ido conformando un sentimiento, una idea de confianza ciega en todo aquello que nos cuentan, habiendo pasado primero por un proceso de "idiotización" de la población. Y, por supuesto, el miedo como elemento fundamental, pues solo así la gente puede aceptar decisiones irracionales que en momentos de estabilidad serían algo más que cuestionadas. Han conformado una sociedad de personas complacientes y pasivas que no se inmutan por absolutamente nada. Por eso es tan fácil llevar a cabo la manipulación de la información. Mientras tanto, los medios han de venderse a poderosas empresas que se ponen al servicio de los dirigentes. Controlados los ciudadanos y acorralados los emisores de información, ¿quién puede detener semejante despropósito? Tal vez nadie, tal vez llegue una nueva generación con la suficiente capacidad para imponerse al juego de intereses que han creado o, tal vez, acabe el sistema tal como lo conocemos hoy.
¿Cuál es la conclusión? No quieren repetir los mismos grandes errores que otros cometieron a lo largo de la historia. La situación solo cambia cuando el pueblo se levanta, pero si impiden que estos tengan motivos para hacerlo mediante el engaño y las tácticas más cínicas de desinformación, jugando con los estados de crisis y de histeria o miedo, estos siempre estarán controlados y confusos y dejarán a quienes siguen moviendo el mundo a su antojo tranquilos regodeándose con su poder.
Nos vemos abocados a caminar sobre un puente suspendido en un acantilado al que, además, le faltan varias tablas. Nos movemos a lo largo de nuestra vida viviendo nuestra propia vida, felices y despreocupados de todo cuanto acontece, simplemente diciendo "yo soy culto, yo soy una persona informada y comprometida que sigue la actualidad a diario". Y, mientras tanto, los periodistas estudiamos una asignatura llamada "Sociedad de la Información", que se basa en admirar y pretender seguir con la tónica de este sistema hipócrita violador de los derechos fundamentales de las personas. Por lo menos, me sirve para hacer una crítica algo más INFORMADA.
Que cada cual investigue por su cuenta, como suelo mantener, yo planteo una idea, un problema, una situación que denunciar de forma relativamente breve. Que germine el virus de la curiosidad y sea cada lector quien decida tomar partido en el reducido grupo de los escépticos. Las conclusiones las debe sacar cada individuo personalmente, no ofrecerlas un estudiante en base a sus propias ideas. Si así lo hiciera, el texto sería efímero, no tendría ningún calado y no estaría cumpliendo mi propósito.
El beneficio de la duda y la curiosidad siempre han dado buenos frutos.

Álvaro Carretero Román.

jueves, 15 de marzo de 2012

Llamémoslo decadencia

¿Esperaban profundas reflexiones con este título? ¿Esperaban otra brutal crítica hacia el sistema actual? ¿Acaso tales palabras no expresan por si solas el presente global que vivimos? ¿Hay alguna palabra mejor para expresar todos los acontecimientos que se suceden imparables sin que nadie ponga remedio? ¿No es así como nos pintan nuestro futuro, siendo una "generación perdida" (algo de lo que sinceramente, discrepo)? Se equivocaban, entonces.
La decadencia no somos los jóvenes, nosotros no somos el fracaso, no somos los chivos expiatorios de nadie contra los que cargar las responsabilidades del futuro. Nosotros lucharemos por el cambio, seamos o no la minoría. Vosotros, todos los "jefazos" que os sentáis en vuestras cómodas sillas regodeándoos de la pobreza del resto, vosotros sois la vergüenza y encabezáis la decadencia del mundo. Gracias por el apestoso legado que habéis conseguido dejar.
No se si me produce más rabia o frustración tener que emplear esta palabra como descripción de la situación actual. Que cada cual saque conclusiones; esta vez, debe ser propósito de cada uno plantearse su presente y su futuro, no seré yo quien condicione o pueda orientarlos escribiendo.

Álvaro Carretero Román.

domingo, 4 de marzo de 2012

Eric Arthur Blair: George Orwell, para el mundo

El mundo de la literatura es fascinante. Evocar lugares y situaciones diferentes en cada mente, en cada rincón de la imaginación de las personas... Es realmente asombroso pensar que se forma un pequeño universo en cada uno de nosotros, siempre cambiante, cada vez que abrimos un libro, cada vez que pasamos sus páginas.
Y, sin embargo, la literatura tiene otras muchas funciones y, aunque muchos escritores hubieran preferido dejarse seducir por la escritura pomposa y la creación de auténticas odas al arte, eligieron un camino más "tortuoso" y posiblemente menos agradable con el objetivo de reivindicar diversas actitudes, pensamientos, ideas o situaciones especialmente delicadas. Es el caso de uno de los grandes escritores comprometidos de la historia, de alguien, pues a menudo tendemos a considerar a los nombres que estudiamos como eso, nombres, en vez de como personas, que ha puesto forma a mis pensamientos y a mis ideas, una persona con quien he podido ver el reflejo de un espíritu independiente, con afán de buscar una mayor igualdad en el mundo y una tremenda solidaridad por sus congéneres.
George Orwell (seudónimo que adoptó Eric Arthur Blair), se enfrentó a una época especialmente convulsa y, aunque ni mucho menos es mi intención compararla con la actual, sí creo que, en este caso, al menos, es mucho más compleja en el sentido de que los frentes de lucha son mucho mas ambiguos e indefinidos. Orwell dejó en sus obras todo su pensamiento reflejado. Las guerras mundiales impulsadas por los totalitarismos y los nacionalismos, la Gran Depresión, la caída del imperio británico, el comunismo de Stalin y la Guerra Fría no podían menos que formar una auténtica generación de intelectuales comprometidos con los valores que debían primar en cualquier sociedad.
Las desigualdadas sociales eran cada vez más exacerbadas y la vida rural que Orwell había vivido con su familia en la India (colonia inglesa natal del escritor), desaparecía en detrimento de la industria mecanizada y, aunque pertenecía a la clase acomodada de la Bengala, no se conformaría con el hecho de tener tales privilegios y llegaría a considerarlos como lujos innecesarios, caducos y sin ningún significado para él. Desde joven sintió, aun así, los efectos de la nociva desigualdad al asistir a una escuela donde él era de la clase más baja de Inglaterra (se mudó allí con su familia tras acceder a una beca).
Pero, para entender tanto su vida como su pensamiento (algo que iba ligado), es necesario conocer dos hechos que marcaron su vida, cuales fueron servir en la Policía de Birmania siendo uno de los opresores y combatir en la Guerra Civil Española al lado del POUM. Era evidente que en él predominaban los valores de honradez e igualdad combinados con una sucesión de ideas liberales y valores humanitarios, denunciando cada violación de los derechos de las personas con cada uno de sus ensayos. Sin embargo, el escritor nunca se definió dentro de ningún partido político concreto, ni siquiera dentro de una ideología concreta. Era un espíritu crítico que revisaba sus propios valores si estos perdían su fuerza, que actuaba en consonancia con el ambiente belicista y de tensión constante de la época, granjeándose así, una serie de firmes opositores a sus textos.
Conoció el sistema colonial desde lo más profundo de él, de ahí su profundo sentimiento de culpa por haber sido uno de los opresores sirviendo en Birmania y, con el propósito de equipararse a los sesgos sociales más bajos, vivió en situaciones de absoluta pobreza, provocando altercados, incluso, para conocer el sistema carcelario de Inglaterra desde su interior. Con el tiempo y la madurez, ese espíritu impulsivo y romántico, se fue atemperando, si bien no perdió su afán crítico e individualista.

El segundo hecho se constató en importancia porque fijó las ideas de Orwell. Afectó radicalmente a su visión del mundo, conformando definitivamente su orientación política, algo que reflejó en su artículo "Por qué escribo", citado en la cabecera de mi blog. Él se apoyaba en los pilares básicos de la justicia, la decencia, la libertad y la igualdad. Sin embargo, como ya se ha expresado, Orwell no se definió enmarcado en las consignas de ningún partido, ni siquiera de ninguna ideología, sino que prefirió seguir su camino con una ideología tendente a la izquierda, aunque modificada a su estilo y semejanza. Orwell desconfiaba de la política de partidos y de los intelectuales de izquierda, considerándolos "bolcheviques de salón", asentados en sus respectivos despachos e incapaces de cumplir de verdad aquellas promesas efímeras que reflejaban aquel utópico mundo de igualdad.
Una cuestión recurrente en su obra, y que constituye el eje central del ideario de Orwell, es su horror ante cualquier atisbo de intimidación y control, es decir, ante la imposición de ideas o conductas por parte de quienes ostentan la autoridad. Prácticamente, todos los protagonistas de sus obras son víctimas de algún tipo de abuso de poder, especialmente mediante la persuasión psicológica, apoyado en la manipulación del lenguaje y del pasado, dos aspectos que fascinaban y repudiaban al autor. Orwell comprobó en España como la propaganda política falseaba la información, mintiendo indiscriminadamente (hoy hemos evolucionado hasta formas más complejas, pero no levantaré polémica en este artículo en concreto), algo que sucedía en ambos bando y tuvo como consecuencia que Orwell se desencantara en estos aspectos. Así, admitiría que, el verdadero poder de los dirigentes es que "controla, no solo el futuro, sino el pasado. Si el Dirigente dice que tal acontecimiento nunca ocurrió, pues es lo mismo que si efectivamente nunca hubiese ocurrido. Y, si dice que dos y dos son cinco... pues bueno, serán cinco". Desde ese momento, el propósito por el que Orwell luchó más encarnizadamente por denunciar, fue contra los totalitarismos.
Pero, la verdadera mística de Orwell, fue conseguir aunar en sus escritos las dos funciones primordiales de la literatura, la ética y la estética, la literatura como fin, y como medio, algo que todo artista debe plantearse en algún momento de su carrera. Esto es algo que el autor refleja en su ensayo "Por qué escribo", ensayo que es una especie de testamento literario, y que continuó en sus últimas y mejores obras, "Rebelión en la Granja" y "1984", mas, en sus anteriores ensayos, sus ideas se iban modificando en función de la respuesta que diera a los estímulos de los sucesos procedentes del exterior y del entorno de injusticia en que vivía. Sin embargo, y este es un punto vital para acabar de entender su pensamiento, Orwell no alaba la literatura comprometida con el cambio social, ya que la encuentra tan arraigada hacia ciertas ideologías y partidos políticos, que pierde todo sentido crítico, por lo que sí defiende el compromiso moral y social del escritor, lejos de cualquier ideología política, defendiendo contundentemente la independencia del escritor.
En resumen, Orwell solo puede ser calificado con una independencia de espíritu y una independencia de criterios envidiables, tolerante y comprometido con su entorno, admitiendo incluso el talento de escritores a los que criticaba por comprometerse con la política. Mi propósito en este análisis no ha sido exponer sus obras, ni siquiera realizar un análisis como tal, sino conocer a la persona que fue, porque todos somos personas, no nombres huecos que pasan por la historia sin dejar otra cosa más que eso, un nombre en base a una serie de acontecimientos y Orwell ha sido uno de los autores que más me ha marcado personalmente por poner letras argumentadas a mis ideas, por identificarme con otra persona de espíritu crítico y libre, incapaz de seguir los preceptos de un mundo cruel y de una política inmunda que solo busca su propio beneficio.
"Cuando me siento para escribir un libro, no me digo: 'Voy a crear una obra de arte'. Lo escribo porque hay una mentira que quiero poner en evidencia, un hecho sobre el cual quiero atraer la atención, y mi primera preocupación es que se me escuche". G. Orwell; "Por qué escribo".

Álvaro Carretero Román.

martes, 21 de febrero de 2012

Manifiesto por el cambio

¡Estamos hartos!
Hartos de ver cómo cada nuevo gobierno que se sucede sigue la misma línea de ineficacia que los anteriores. Votamos sí, pero votamos a un compendio de políticos que no distinguen ya entre izquierda o derecha, donde se presentan un cada vez mayor número de grupos a las elecciones, pero ninguno de ellos es capaz de mantener una ideología distinta que proponga cambios reales. Distintos partidos, misma política centrista.
Entonces, ¿cómo saldremos de esta?, ¿cómo podemos garantizar una fuerza mayoritaria que realmente represente al pueblo, no solo con la mayoría de votos (pues a alguno habrá que elegir), sino con sus acciones? Nos escudamos en que estamos viviendo tiempos convulsos y difíciles, que las medidas de represión y de recorte de libertades y ayudas del Estado de bienestar son necesarias, pero útiles, a la larga. No me lo creo, nunca me lo he creído y, mientras nos sigan intentando colar ese cuento chino, tampoco dejaré de luchar para que nadie se lo crea. ¡Es mentira!
La crisis, se sabía desde hace años que podía pasar, pero nadie tomó las medidas preventivas para paliarla, el Estado de bienestar se sabía desde el principio que con el ritmo de crecimiento que la población tiene actualmente, añadido al envejecimiento y la mayor esperanza de vida podría necesitar un cambio de orientación para mantener su efectividad, aunque jamás sería viable que por este motivo llegara a desaparecer ni a empeorar sus prestaciones, pero tampoco nadie se preocupó en mirar a ese futuro inmediato, dejando un legado envenenado que se han ido pasando como herencia unos políticos a otros a lo largo de los años. Toman medidas para los problemas del momento, salvándose el culo propio, hablando mal y pronto, para poder mirarse ante los ojos de la Historia como un político al que no le estallaron los problemas porque supo ocultarlos a la perfección. Pero, los problemas, cuando solo se ocultan sin solucionarlos, estallan en algún momento.
Todos seguirán haciendo lo mismo; hemos llegado a un punto, en el que prácticamente no creemos en política y, eso, es muy peligroso. No tenemos fe en aquellos que nos representan, ni en los que podrían hacerlo, simplemente nos relegamos a una situación de pasividad contemplativa observando cómo nuestro mundo se viene abajo después de generaciones de ineptitud. Porque eso, sí que se han encargado de hacerlo a la perfección, crear una generación de cabezas huecas de pensamiento, de pasivos receptores que se preocupan más por una victoria de su equipo de fútbol que por la muerte de miles de personas a kilómetros de su casa, que aceptan la violencia y las situaciones críticas igual que si les estuvieran contando el cuento de los tres cerditos. Pues su casa también será derrumbada algún día.
¡Debemos levantarnos! En la Historia, con situaciones menos complicadas, ya se habían sucedido una serie de revueltas que bien pudieron cambiar el curso de los acontecimientos. Si los dirigentes actuales no nos representan (ni nos escuchan), entonces usemos su sistema. Pongámoles en jaque, reivindiquemos nuestras ideas y obliguémoles a escuchar cuando se vean en una situación tan insostenible como la que vivimos en la actualidad. Pero bien, no estoy hablando de España ni de sus gobernantes, ellos, si nos paramos a pensarlo, no pintan nada en el panorama internacional. Son una serie de diez o quince personas quienes han pretendido desde muchos años atrás controlar a los miles de millones que poblamos la tierra. La Guerra Fría nunca terminó del todo, pues hoy seguimos viviendo una de sus más temibles consecuencias, la cual puede desembocar de nuevo en un conflicto de grandes dimensiones y, esa consecuencia es, sin duda, la carrera por las influencias. ¡Eso es lo que mueve el mundo! Un reducidísimo número de personas que han alcanzado tanto poder, que se ven capaces de controlar al resto a placer y, en España, no somos más que un títere más al que utilizar. La carrera de influencias continúa: EE.UU. lleva años intentando controlar Oriente Medio y Próximo y diversas regiones de África, China ha extendido una red de mercado tal, que puede ejercer una enorme presión en la toma de decisiones de otros países mediante el chantaje y, Europa... ¿acaso alguien piensa que la Unión Europea se creó por la buena fe de sus integrantes o que las ampliaciones se realizaron simplemente porque querían que toda Europa tuviera un crecimiento sostenido y no estuviera en la miseria? ¡NO! La UE ampliaba sus fronteras porque se veía atrapada y diezmada en la carrera de influencias, ya no eran grandes imperios, ya no había colonias repartidas por el mundo, ya no eran potencias económicas que pudieran adquirir nuevos territorios estratégicos. Su supervivencia en el mundo se basaba en la adhesión de nuevos territorios europeos para intentar formar un bloque capaz de competir con las otras potencias y que los antiguos países soviéticos no cayeran de nuevo en la red de otra potencia que pudiera ofrecerles mejores recursos.
¡Ese es el problema! El sistema está quebrando por la corrupción, la ineptitud, la ineficacia y el sometimiento a una serie de personas que mueven todos los hilos. Si España intenta tomar una medida que se salga de los trazos programados, es inmediatamente evaluada por los dirigentes europeos, quienes "recomendarán", más bien obligarán, a España a rectificar bajo un sistema de presión y chantajes. La globalización ha sido una de las jugadas más astutas jamás realizadas en esta interminable partida de ajedrez. La hemos aceptado como algo beneficioso (sin duda, lo es en muchos ámbitos), pero se ha ocultado su verdadero y oscuro propósito, cual era poder tener esas influencias vitales para una serie de territorios y poder controlarlas sin ser cuestionadas e, incluso, sin ser visible para los propios dirigentes controlados. Mientras este sistema siga vigente, tendremos un serio problema para tomar medidas efectivas, pues a nadie le interesa tener una oveja negra en su rebaño y, hoy por hoy, una oveja aislada y repudiada es una golosina muy dulce para cualquiera que busque experimentar. El aislamiento y el vacío político tendrían como consecuencia no poder acceder a una serie de productos básicos en la sociedad actual, no tener sistemas efectivos de mediación y un largo etcétera con miles de aspectos más. Ahí está el trasfondo de la globalización. Un sistema perfecto, en el que es muy fácil entrar, pero imposible abandonar.
Por eso, yo digo, ¡nuestro problema no son los dirigentes de España, ellos son solo el primer escollo! Están encorsetados en una serie de medidas y una compleja red de influencias de la cual no pueden salir sin dar el paso que le marcan. Parecerá utópico, imposible o cosa de locos, pero debemos hacer quebrar dicho sistema, solo así, podremos empezar a recuperar la estabilidad. Desde pequeños, aprendemos a reconocer los errores y rectificar, pero por lo que parece, a medida que crecemos se nos olvida el significado de una frase tan importante. La Unión Europea es el error (al menos, en el caso que nos atañe, cual es nuestro propio país). No tengo ni la más mínima idea sobre política y no pretendo sentar unas ideas que, muy posiblemente, estén mal fundadas o equivocadas, pero sí pretendo que cada uno de nosotros tome conciencia y reflexione personalmente, saque sus propias conclusiones sobre este tema que estoy tratando y tome decisiones consecuentes con ellas. Hay que sentar las bases del cambio, cada uno las suyas propias que le lleven a movilizarse, que le den un objetivo y una causa.
Parece, que una vez te asientas en el poder, asumir y rectificar los errores se antoja demasiado difícil por la creencia (no se si mal fundada o no) de que eso te hace ser débil y perder esas influencias que se han ido ganando a lo largo de los años. Porque, al final, todo se basa en lo mismo, las influencias, porque todas las acciones se realizan para no fracasar en ese aspecto. A mi parecer, la Unión Europea es el error y, aunque realmente fue un sistema efectivo, su propósito no creo que fuera realizar tantas ampliaciones (y con esto no quiero discriminar a ningún país), sino que estaba pensada para un grupo muy reducido, donde entonces, sí podría seguir siendo eficaz.
Mientras sigamos manteniendo este sistema, no nos recuperaremos, mientras no miremos al pasado y busquemos las causas que han provocado esta crisis del sistema, no lo arreglaremos, mientras sigamos confiando en quién sabe qué personas para el dominio del mundo, no sabremos ante lo que nos enfrentamos. ¡Aprendan y rectifiquen los errores, dirigentes, no los escurran a la siguiente hornada de políticos sin ideas para que los agraven!
Puede, y con esto finalizaré y realizaré mis dos reflexiones personales, que el sistema ya no sea válido. El capitalismo y el comunismo, por escoger un par de ejemplos recientes, no surgieron por obra divina y ni de la noche a la mañana debajo de una piedra. Son sistemas creados por personas inteligentes, personas con ideas y capacidad de innovación. Independientemente de la corriente en la que nos enmarquemos, debemos reconocer la brillante genialidad de todos los que contribuyeron a su formación, pues crearon dos sistemas hasta entonces inexistentes, que cambiaron el curso de la Historia. Y, pregunto, ¿nos hemos vuelto tan pasivos y sumamente idiotas que nuestra generación no sería capaz de crear un nuevo sistema, tal como hicieron Marx, Smith y otros grandes pensadores? Puede, y solo es mi humilde opinión, que sea el sistema lo que debe ser cambiado. Puede, que tengamos la ingente necesidad de un nuevo sistema, tal y como se tenía entonces cuando se asumieron esos dos en el siglo XX.
Y, esto, me lleva necesariamente a mi segunda reflexión. En nosotros están puestas las esperanzas del cambio, en las personas con la capacidad de pensamiento, de lucha y de rebeldía que buscarán un cambio que suponga un sistema justo y equitativo con todos, un sistema que marque un hito en la Historia y, los españoles, no somos ni mejores ni peores que nadie, da igual suecos, franceses, británicos, chinos que estadounidenses, tenemos tanto potencial como cualquiera de ellos, solo debemos saber explotarlo. Puede que sea nuestro momento, cuando todos están obcecados en solventar este sistema, nosotros podríamos buscar una solución radicalmente distinta creando otro.
Y, si no se han convencido, por favor, lean a George Orwell, lean 1984 o Rebelión en la granja, pero en especial, esta primera obra. Será nuestra insignia, nuestra bandera, el símbolo de la nueva revolución hacia el cambio. Léanlo, porque, de verdad, se darán cuenta de lo que supone un sistema que todo lo controla, un sistema invisible pero presente y a lo que nos podemos ver abocados en un futuro. Deténganse con cada profunda reflexión que el autor escribe y saquen sus propias conclusiones. De verdad, merece la pena invertir una pequeña cantidad de su tiempo en leer esa obra de arte, no quedarán indiferentes y, puede, y solo puede, que entiendan un poco mejor (y no digo que estén de acuerdo) mi manifiesto por el cambio.

Álvaro Carretero Román.

miércoles, 15 de febrero de 2012

La excelencia de los obreros

No es sobre este colectivo entendido como tal sobre lo que me propongo hablar, aunque bien podría hacerlo y conseguir fructíferos resultados con lo que escribiera.
Mi tema de hoy es mi pasión, aquello por lo que sufro, siento y padezco, irradio alegría, orgullo e ilusión por los cuatro costados. Aquello que hace que durante un tiempo, olvide que el resto del mundo existe en el exterior de un modesto y reducido pabellón situado en el sur de Madrid.
Obreros sí, porque nuestro actual entrenador Porfirio Fisac (por quien, he de admitir, siempre he sentido especial debilidad) nos calificó con tales palabras: "Somos unos obreros del baloncesto, tanto club como afición". Frase para el recuerdo, frase estandarte, definición en escasas palabras de un club que siempre lo ha dado todo dentro y fuera de la cancha. Somos obreros, somos luchadores frente a las adversidades, somos ilusionistas y malabaristas económicos. Somos muchas cosas, pero ante todo, un club, un equipo, una afición... enrolado en un todo que forma una única institución. Amor mutuo y eterno; amor verdadero, de corazón.
Porque a falta de un par de días para que de inicio la Copa del Rey en el Palau Sant Jordi de Barcelona, puede que ninguno de nosotros tenga demasiadas esperanzas en que podemos ganar el partido frente al Real Madrid (seamos realistas), pero ahí reside la magia, esa es nuestra fuerza. La ilusión por jugar, el mero hecho del amor al baloncesto mueve a toda una ciudad a brindar un apoyo incondicional que, al menos, acompañe a nuestros jugadores como emblema, que se sienta el espíritu atronador del Fernando Martín. Una horda naranja pasará por Barcelona como si fueran miles, cientos de miles y no desfallecerá hasta que no lo hagan sus jugadores.
Somos obreros y tenemos a la cabeza de semejante grupo a un líder disfrazado de peón, un moralista hecho entrenador que inculca su filosofía a sus pupilos en cada acción, en cada tiempo muerto, en cada palabra... y que luego estos se encargan de transmitir a los aficionados. ¿Qué hacíamos nosotros mientras teníamos serias opciones de entrar en la Copa tras tantos años con la miel en los labios y nos "peleábamos" con otros tantos equipos más? Mirar hacia abajo, mirar de frente al descenso y de reojo a la Copa, porque la quimera de descender sigue presente. ¡Cuánta humildad! Los obreros, difícilmente pueden ascender ¿no?
No es mi intención realizar un análisis, ni rememorar anteriores campañas del Baloncesto Fuenlabrada, ya se ha escrito demasiado sobre todo esto y, si algo he aprendido a lo largo de mis años de estudiante, es que la Historia nunca se repite porque las condiciones nunca son las mismas. Es decir, las estadísticas y precedentes solo son papel mojado, lo que importa es el ahora, la ilusión de jugar, la esperanza de ganar y la pasión.
Por eso, esto no es una simple crónica sobre análisis del partido, ni de las causas por las que estamos aquí, ni una defensa a ultranza de líneas que llevo leyendo desde hace algún tiempo como que estamos aquí porque nos lo merecemos después de todos estos años, que es la recompensa a la humildad y el trabajo bien realizado, al esfuerzo colectivo... No, para nada, eso lo sabemos todos de sobra ya.
Hoy rindo homenaje al baloncesto pero, sobre todo, rindo homenaje a mi modesto club. Porque si fuera entrenador, si pudiera decir simplemente unas pocas palabras a nuestros jugadores, a ellos que tienen la inmensa suerte de disfrutar desde dentro este precioso espectáculo, a la vez que tienen la ingente responsabilidad de hacer un buen papel, les diría que no nos importa cómo jueguen, ni siquiera el resultado. Diría que tomen un respiro, mantengan el silencio durante unos segundos cuando salgan a la cancha y escuchen todo el pabellón. Buscar con la mirada a los cientos de aficionados fuenlabreños que se han desplazado hasta allí y a los miles que, por unos motivos u otros, están expectantes en sus casas viviendo un momento histórico también para ellos. Y, en ese momento, recapacitar. Saber que tienen tras de sí a toda una orgullosa marea naranja que apoya a los insolentes que se atrevieron a desafiar el orden preestablecido y destronaron a los "clubes señores" de la mejor liga de Europa e, incluso, jugarles cara a cara, sin miedo. Y, eso, sería suficiente para que cualquier jugador sintiera la necesidad de dejarse la piel, de luchar cualquier balón, defender hasta la extenuación, meter los tiros que nunca hubieran entrado... Poder mirar a cualquier aficionado a los ojos y verlos anegados en la humedad que provoca el orgullo infinito, la adoración, la ilusión y la confianza absoluta, casi con una petición, una súplica hacia el jugador que estuviera mirando al aficionado en ese momento de que, por favor, le hiciera disfrutar, sentir el baloncesto, vibrar con él, darle motivos para que todo su esfuerzo al ir hasta allí haya merecido la pena, irse a casa con la sensación de sentir una dicha y una felicidad envidiable por cualquiera. Porque saben que no juegan para ellos, ni siquiera para sus aficionados; juegan para la felicidad de estos, juegan para devolver la ilusión y la confianza que se deposita en ellos mismos. Juegan con sentimientos, con sensaciones.

¿Qué podría hacer más feliz a una persona? ¿Qué podría motivarle más o darle más ánimos que saber que está haciendo felices a miles gracias a él?
Por supuesto, mi fe en Porfirio Fisac es inquebrantable, años de confianza ciega en él, porque ha demostrado ser algo más que un profesional del baloncesto. Una persona que se adjudica al completo el fracaso de todo un club al descender, que lo deja por iniciativa propia a pesar de ser el club de sus amores al considerar que no merece seguir en el puesto y no acepta otras ofertas para recapacitar sobre sus errores... es merecedora de todo mi respeto. Eso, sí es predicar con el ejemplo. Por eso, cualquier cosa que diga a nuestros jugadores, debe ser nuestra insignia también.
Hoy es momento de acordarse de todos, Gustavo Ayón (siempre con nostros desde New Orleans), Esteban Batista, Ferrán López, Walter Herrmann, Francesc Solana, Salva Guardia, Nate Huffmann, Brad Oleson, Salva Maldonado... (nombrando muchos de los últimos para que sean más reconocidos por la afición actual) y evocar su espíritu, de luchar también por todos ellos, regalarles este partido mágico a antiguos compañeros o jugadores que dejaron su pequeña huella en nuestro equipo, de reconocer el mérito a tantas generaciones de jugadores, técnicos, trabajadores del club, que han hecho de este humilde club un gigante realmente temible capaz de tumbar a quien sea cuando evocan dicho espíritu de lucha y entrega.
Hoy, levantemos la cabeza, tomémonos, al menos, un minuto o dos de silencio y sintámonos orgullosos de pertenecer a la historia del Club Baloncesto Fuenlabrada. Que entren en nosotros los recuerdos de los días memorables vividos de la mano de nuestro equipo, jugadas que permanecen intactas en nuestras retinas, los días más gloriosos y los momentos en los que alcanzamos la felicidad más pura jamás pensada. Esa es la euforia, eso es lo que desatan nuestros jugadores.
Gracias, a todos, a los que están, a los que estuvieron, a los que vendrán. Gracias por permitir que podamos decir "¡SOMOS DEL FUENLA!" con todos los sentimientos que eso conlleva en tan solo tres palabras, en catorce letras.
Con desbordante ilusión por escribir estas líneas,

Álvaro Carretero Román.